IX
Vívido desliz:
Luna estrella mía.
Muero por tu beso
vivo por un querer
cruel del destino flamígero tu luz
condena de una pasión desliz eterno,
que creó tu pestañeo imaginada senda
al dejarme ver
tu cielo encerrado designio ningún hombre,
fijamente tres minutos,
y morí con tu pestañeo lloviendo corazones.
demostró tu vívido frenesí escarlata
y yo, que fui
importante para ti en halo y frecuencia,
y que a pesar y muy
a mi pesar de los problemas distanciales
seguí en tu mirada atrapado mi luna que reverbera
hasta que la aguja
de aquel reloj de pulso quebró,
se paró al pasar
ciento ochenta segundos un ruego y un dulzor en escala
mi cambio de vida
cuando consumí
medio giro de arco al decir:
-Siempre te amaré.
Cargo mis versos tenso mi beso y disparo.
II
Enciendo maquinaria
de este tiempo disuelto,
en pétalos de éter y formol,
desangra la rosa secreta,
y un estambre rige,
destello que precipita,
el albor.
calidez de ilusión,
y araña que arrastra,
tejiendo el eterno sentimiento.
Yo que arrastro
mis aciertos,
como desnudo sol.
una noche cualquiera,
y activé el engranaje
mi reloj de pulso.
III
Mi carmesí caléndula,
fijó su pestañeo,
en mi camino de destino.
Alumbraba un candil
dormido, una luna llena
de enero.
Era tiempo suficiente
para huir y quedarse.
En la boca formaba
toda sombra de opacidad.
destrenzaba un halo.
Sujeto de una lágrima
pasajera, un segundo más,
y devoró el dulce tormento.
IV
Giré entonces la tuerca
de mi corazón oxidado,
por tantos aullidos nacarados,
y su ente femenino
me atisbó un beso
a mi alma.
Era el crepitar de la llama,
que mandabas como loba
y como luna se prendiesen
todos los colores
de mis sueños
consumiendo mi tiempo abierto,
que completo el giro,
dictó la vuelta
al inicio del sentimiento preso
que sin retorno
siempre te amaré.
V
Sobre esta tierra alumbras,
ejes de conciencia se hielan,
este diciembre,
invierno que cruzas mi suerte,
empero mi luna creciente
te capturo una estrella
y sola sonrisa funde tu escuela
vivo, vivaz y enamorado
calzo tu bella quietud
y luna
luna morena,
luna que hermosea
somos el signo azabache
de tu vientre,
vine a sembrarte
como nadie pudo,
mi sangre, que mientras viva
honraré y pediré tu favor,
mi deidad maternal,
lucerita de mi cielo,
ascua semper,
secuencia de todo oscuro camino,
satélite monumento
de todo azar
se llamó vida.
VI
...
El castellano Förüq



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