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17/04/2026
Fausta Miguel Martínez. México
Promesas de amor eterno
Él le toma las manos con una delicadeza que parece detener el tiempo. La mira a los ojos, como si en ellos pudiera leerse el destino completo de su alma, y le dice con voz firme, quebrada por la emoción:
—No importa la distancia que nos impongan los caminos, ni los muros invisibles que levanta la vida, ni las espinas que a veces hieren nuestros pasos… nada de eso podrá separarnos. Te amo más allá de esta existencia, más allá de lo que el entendimiento humano puede explicar. Te amaré en esta vida, en las que sigan, y en todas las que el universo nos conceda. Donde estés, aunque no pueda tocarte, aunque no pueda verte, siempre serás la flor más perfecta, la más viva, la más luminosa de mi jardín eterno.
Ella lo escucha en silencio, con los ojos brillando como si dentro de ellos naciera un cielo entero. Sus dedos aprietan suavemente los de él, como si temiera que el amor también pudiera desvanecerse, y responde con una voz dulce, pero profunda como un océano:
—Mi príncipe adorado… mi refugio, mi latido constante… también te amo. Tú has hecho que mi mundo deje de ser gris y se convierta en un universo donde todo respira vida. Has pintado mis días con los colores del arcoíris, incluso en mis noches más oscuras. En tu mirada turquesa encuentro calma, como si el mar entero viviera dentro de tus ojos y me invitara a descansar en su paz.
Hace una pausa, se acerca un poco más, como si el alma necesitara estar más cerca que el cuerpo.
—Ya no necesito el cielo, ni las estrellas, ni los sueños lejanos que antes perseguía… porque tú eres mi cielo, mi estrella más brillante, mi sueño hecho carne. Eres mi mundo entero, el que no se apaga, el que no se rompe, el que me sostiene cuando todo parece perder sentido. Si el destino intenta alejarnos, yo te buscaré en cada vida, en cada renacer, en cada suspiro del tiempo… porque mi amor por ti no tiene principio ni final.
Y entre el silencio del universo, sus manos siguen unidas, como si el amor hubiera decidido quedarse a vivir en ellas para siempre.



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