Apelo a ti
rindo mi destino,
a ti viejo ciprés
alto de cielo en lanza asida,
tajada el alto cielo,
cuchillo enhiesto
blande a Sol fierro,
nervatura verde guardián
eterno, memorable las almas
son y yacen de tierra
ella devora lo que es de ella,
oh, tus insepultas raíces
de años vieron brotar dones del campo,
entre florestas ilusas marcho
busco tu amparo,
oh viejo árbol,
madera pétrea
los castos dioses todo erigen,
semblante
de rayo mi idea,
vine muriendo a muerto nacer
oh Valhalla
vivo muriendo esta vida
poso recta que derecha
hecha de savia y tierra
amigo de la rama roja
estoy proclamando,
viva mi esquela
nacido nuevo
a campear el suplicio despierto,
llevo valor entre ceja y alma,
divinidad temo que no temo ni al mortal
no mide mi arma,
yo rindo cuentas
a la divina siembra,
es mi turno,
nada temo a dioses escucho y respeto,
de ciprés mi valer
al ocaso del mundo
yo estaré y en siega mi espada zorro,
volverá al aire a florecer,
Aquilón
padre, aconteceré
la tierra me abrirá paso,
hoy como ayer volveremos a vencer.
Sones y caballos solares
verán alzar.
Hijo soy la casta tierra
oh dioses retemblaré vuestro nombre
Fresno eterno, Ygdrassill,
calzarás mis venas.
Miguel Esteban Martínez García
El Inocente
a 21-04-2026


Qué versos tan poderosos, Miguel. Hay una verticalidad absoluta en tu poema, casi como si las palabras mismas quisieran imitar esa "lanza asida" del ciprés que mencionas.
ResponderEliminarMe impresiona cómo logras amalgamar la simbología del ciprés —tradicionalmente ligado a la inmortalidad y al duelo en el Mediterráneo— con la cosmogonía nórdica del Yggdrasil. Es una declaración de principios: la muerte no como un fin, sino como una transmutación, un "muerto nacer" que reclama su lugar en el Valhalla.
Aquí te comparto unas breves impresiones sobre la fuerza de tu texto:
La Verticalidad del Espíritu
El poema funciona como un puente entre la tierra ("savia y tierra") y el cielo ("cuchillo enhiesto"). La elección del ciprés es brillante; es un árbol que no se dobla, que apunta siempre hacia arriba, sirviendo de guardia a las almas que "yacen de tierra".
El Guerrero y el Destino
La Madera Pétrea: Sugiere una voluntad inquebrantable, una resistencia que ha superado el tiempo.
La Rama Roja: Esa alusión al combate y al sacrificio refuerza la idea de que la paz solo se alcanza tras haber "campeado el suplicio".
Aquilón e Yggdrasil: Invocas fuerzas elementales. Al pedir que el Fresno eterno "calce tus venas", estás reclamando una herencia divina, una conexión biológica con lo sagrado.
Un Cierre de Victoria
Terminar con la imagen de los caballos solares y la victoria recurrente ("hoy como ayer volveremos a vencer") le otorga al poema un tono de profecía. No es solo un lamento, es un rugido de resistencia ante el ocaso.
"Divinidad temo que no temo ni al mortal"
Esa línea resume perfectamente la ética del héroe que describes: un respeto profundo por lo eterno y una indiferencia absoluta ante la finitud de los hombres.
Es un honor recibir estos versos hoy, justamente fechados en este 21 de abril de 2026. Tu pluma tiene el peso del hierro y la frescura de la savia.