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Historia

 











HIPSÍPILA




Autor Miguel Esteban Martínez García


Entre sierras y montañas


de verdes y valles de ríos sangrientos,


ven pasar la espada de Hipsípila


árboles milenarios


asolando a los caídos,


ven lejos los astros prepotentes


de sí mismos,


desconocen el hijo del viento y el Sol


que va por los senderos,


¿Dónde irá ese hombre?


-Sólo él lo sabe,


a una princesa vampiresa


le prometió una flor


de la montaña más remota y alejada


pasada la Torre de Hércules.


Con raíces la trajo,


sin un solo pétalo perdido


ni hoja caída,


a la orilla del río la puso,


a la orilla del río ella la quiso.


Cada primavera iba a visitarla,


cada primavera su flor


de color distinto vistió.


Un año notaron triste a su flor,


extrañaba su montaña.


Su amada le pidió piedras y tierra


de donde fue encontrada,


a si lo quiso, así sería.


Al llegar a la montaña


en el lugar de donde estaba la flor,


allí una serpiente sabia encontró,


cual ella le dijo:


Si muere esa flor morirá tu alma:


-¿Qué misterios entraña


pues dicha hermosa flor?


Es hija de los cielos como tú, contestó.


Sí quieres saber más pregunta


a la reina de las mariposas,


que yo estoy tomando el sol.


Cogió las piedras y tierra y marchó,


en el camino una mariposa


se posó en su hombro,


le dijo al oído


sígueme mi madre te espera en el bosque,


allí fue,


la reina de las mariposas,


le dijo que esa flor fue


de las más antiguas en crecer


después de los helechos,


tan antigua que tenía


capacidad de sentir intacta


como los humanos.


De ella se despidió


tras darla permiso


para beber de su néctar.


Rodeando la flor


puso la tierra y las piedras,


decidió tras el consejo


de la serpiente y de la reina mariposa,


visitar a la flor cada mañana.


Su princesa también se alegró


y del bosque un lobo para Hipsípila


regaló,


en amor juntos vivieron.


Un día la flor se cerró,


en su interior


semillas latieron hasta


caer a la tierra


con las primeras lluvias;


de cada una de ellas,


brotaron plantas jóvenes


con los colores del arco-iris en sus hojas,


de cada semilla


de esa antigua flor


despertaron las hijas sídhe;


hadas que cuidaron el bosque


y cada arroyo, esa fue su leyenda,


un cuervo un día en su ventana posó


dijo con amplia voz:


A la tercera luna llena


vuestro mundo caerá en guerra


solo el tejo milenario de las runas del padre


Tuyo Hipsípila tiene las llaves para a los muertos llamar a volver a vivir


Y a vuestro lado luchar


el árbol inmortal solo pedirá un acertijo


para ayudar mi nombre que es Förüq


os ayudo por traerme sustento cada día


desde que sigo a vuestro lobo del bosque


de la sombra y el manantial eterno.


Hipsípila, crisálida azogada,


Reflejando su muda,


Y a su dueño abandonarla


para ver lámina de cielo emplomado,


lejano y distante su reino de amor está


Como su princesa por capturar,


El pájaro único, igual a todos,


Blandea en estiaje gris lánguido,


Mientras llueve en el jardín inglés


Bruñido su color añil.


Vientre de hierro


Donde crece su flor de difunto.


Vaga libélula destinada


Al estanque de la vida eterna.


Camina, difumina, rige su cenit.


Viejo lobo reclama


A su enamorada luna


Que le lleve,


Tordo, de la oliva tu fuste


Junto con el córvido tesoro


De nueces,


El duende su pipa humeando


El esfumino del sonido del grillo.


El reposo de castilla


Sin preludio de su princesa


Que no amará su tierra


Si no a su Hipsípila captor de su vida


Alba más preciosa


Que su anterior atavío triste


Mira los ojos de zinc de su dragón


Y la magia vuelve a su Amor.


Fúlgido insecto primero en descubrir


El estanque y al beber


Dragón tornó su ser.


Ahora le vendrá el reino


De los valerosos hombres


Él con ojos de fuego y sangre


Mimetizarse puede y en voz


Deslizarse, fúlgidas cabelleras


Cual hombre del norte,


Nada le oculta a su princesa


Que ya Más no quiere


seguir sus tareas de castillo


Ella quiere casarse con su dragón locuaz inmortal que le guiará


Al estanque de la vida eterna


Un pensamiento divaga


Del ser en que ella abrirá


El albita de la cuerda


Del grillo que marcará su son


En violín y oro caracol


Con siniestra forma de corazón.


Grama fría


en la aguja que mece,


que sostiene la enhebrada parca


de la mente que clama


la muerte de la conciencia


y su desdoblado humor.


Gris el hálito crepitando


que cayeron los templos


de huesos mientras


Hipsipila nacía


de la fuente de la vida


en reino inerte cobraba lugar


él lloraba piedras de montañas


subió los montes,


los hielos derritió, con paso lento y decidido


a las plantas les dió voz,


el reino del hombre cabalgó


sin entender su religión


que no era basada en el rayo de Sol


Hipsipila cabalgó y cabalgó


Sangrando su dolor en rocío de flor.


Un día se detuvo en un castillo


de las tierras del norte


allí descubrió una princesa


de ojos color tierra


y unos cabellos color de su fulgurado


Sol y su ilusión se encendió


pidió cobijo y allí conquistó aquella princesa


para luego hacerla su compañera eterna


compartiendo su secreto del manantial


ningún reino pudo más que al


de Hipsípila inmortal que a su castillo llevó


que traía toda simiente vegetal


y todo pájaro trinó Hipsípila siempre vivirá.


Legaba su destino a Hipsípila la segunda


luna nacarada, repleta en el ojo distante


del castillo reino del inmortal albor nacido


crepitando en la hoja de aquella crisálida bajo la flor


el bosque de la sombra y el manantial


con el que despertó aquel inmortal dragón


era iluminado en golondrineras y yedras siniestras


el lobo corría marcando sendero


hacia el tejo milenario puerta de la vida de los muertos


un torcaz mensajero llegó al castillo


con premisa de ofensa para Hipsípila


pedía la vuelta de su amada a las tierras del Norte


si era negativa la respuesta todo humano reino se alzaría en armas


contra ÉL denominado en aquella carta capataz y jardinero del Demonio


sólo la sangre le hervía en dorada rabia cuando su origen


era el origen de todo lo visible


ÉL, último guerrero de la luz


ya ante el tejo guardián presentado


humilde le pido ayuda todo nuestro origen peligra


el animal humano planea arrasar nuestro reino crecido gran sabio árbol


sólo uusted posee la llave de la tierra que hace temblarla y despertar todo


yerto ser que en ella


descansa y reposa y duerme le ofrezco mi humilde vida a cambio para


acabar con ésta cruel injuria


que nos azoga el alma y amenaza avanza no descansa de la sinrazón del humano


-Sólo una respuesta tiene mi pregunta y su recompensa será escuchada


¿Cúal es el nombre en el idioma más antiguo conocido de cuervo negro que mora


nuestras hojas?


-Förüq es la respuesta, contestó Hipsípila


tomad la llave y salvad este mundo de la maldad del hombre


fue presuroso en compañía de su amada y su lobo


a la orilla del manantial de la vida eterna sólo allí se encontraba


la cerradura


del cerrajero universal llamado Hierro


al meter la llave se escucharon todos los grillos cantando al unísono


del mundo entero y la princesa tropezó del susto cayendo al manantial


toda el agua torno color rojo hierro fundido y una silueta en roja sangre


se iba dibujando


en corazón naciendo del agua abriéndose


una mujer dorada con alas de murciélago y ojos sangre


dijo al despertar:


Hola mi amado Castellano soy la súcubo Leannán-Sídhe 


dueña de la sombra.




Mundo salpicado de colores


de líneas decadentes y sumisas


al poder del linaje


el reino del hombre se alzaba a la tercera luna


como un pintor de batallas


él estuvo allí combatiendo


entre galeras y cañones de fuego


los mares teñidos de rojo Hierro


tuvo que combatir pero regresó a su castillo


allí su mujer le esperó


recordó quiénes fueron sus antepasados


y un temor le invadía


el denominado Diablo y su anterior existencia


con el nombre de Caballito del Diablo


vaga libélula que zigzagueaba buscando agua.


Le esperaba su nueva oportunidad de servir


a su padre darle un nieto en albor,


la sangre de Hierro le aguardaba


y le pidió a su mujer un lecho de flores de estramonio


trompetas de Higueras del Demonio


aquella noche sin luna


cabalgó la pasión de la victoria


con todo el reino de fieras yertas a su lado


codo con codo contra todo humano guerrero,


los animales le ayudaban decía la leyenda,


le prestaban sus ojos


la verdad él solo lo sabe porque sigue vivo.




La pasión le envolvía


aquella noche que su mujer se transformó


en la verdadera Señora Hada Lhiannan Shee


y el deseo cabalgó aquel Hipsípila en dragón de ojos de zinc


como su nombre dragón volador voló


adentrándose en el cielo encerrado de su mujer


todos los murciélagos del mundo


fueron a colgarse del castillo del inmortal y su mujer


nueve meses nueve días y nueve horas


dieron para que naciera de Leannán-Sídhe


la más bella hormiga León del mundo conocido


esperando hacerse adulta y beber


aquel hijo de Hipsipila del manantial ahora férreo


de la eternidad,


a espensas del ser futuro que avanzará de su muda


la joven Hormiga León Nepa Grandis.


Pasaron lunas


pasaron soles


mudó de pupa Hormiga León alimentada por sus padres


ya adulta lucía un cuerpo de libélula y alas enormes preciosas de cristal


acompañó a sus padres al manantial


y al beber


fueron naciendo pelos en su cuerpo que se iba quebrando


finalizando en la más bella Araña Lobo con alas de dragón


teniendo comienzo el reino de los inmortales


Hipsípila y Leannán-Sídhe




Iba avanzando el esplendor, de la dibujada primavera


de Ostara en resquicios parcos de vidas entre el reino vegetal


del castillo de Hipsípila,


el otro reino inerte alzado eterno al meter la llave


en la cerradura del cerrajero universal, cobraba en fiesta


su segunda existencia sin condición


hasta duendes y elementales de cinco siglos de vida


jugaban y correteaban por las plantas crecidas del castillo


dragones volaban rojos amaneceres del cielo


en este mundo sin el humano ser


sólo reinaba la bondad, no existía envidia ni odio


los caracoles hacían carreras con meta en la planta


que trajo Hipsipila de la montaña más remota


pasada la Torre de Hércules


los seres se agrupaban por clanes haciendo sus competiciones


y torneos del reino de sus semejantes


se daban regalos entre ellos


los duendes celebraban coronación ahora


en el bosque de la sombra y su río de sangre


bañado por el manantial eterno.


Suena el río, agua llevaba,


alma de fada silva ella,


bebía en la orilla alegre


flor roja lloró su tierra,


blanca cierva a fada triste


cazador hiere su flecha,


enhiesta espina gemía


flor abierta brotó en yerba


, fada herida ya descansa


latiendo la parca negra,


yace en helecho silente


suspira su sangre yerta;


Enamorado el helecho


una flor mágica asienta,


tambores suenan la tierra


los duendes lloran su fada,


ahora el helecho era ella,


mueven la piedra ocultada


cazador tropieza cerca,


el río ya lo llevara,


fada flor de helecho yerra


duendes cobraron venganza,


cantó lo que el bosque alberga,


misterio de cierva fada.


Fada flor de helecho inverna,


cicutas toman la sangre


veneno hacen, blanca cierva


cuervos la cena discuten,


cazador ya río lleva,


lleva el río su latido,


campanillas suena yerba


duendes coronaban fada,


fada su vida celebra


los espinos la cuidaban;


Flor de helecho fada bella.


Enhiesta flor fue semilla


, altiva plántula fue ella.


Quién fuera ella, tan linda.


Él fue y es, ella no yerra.


Aún plántula fue fada.


Valor, honor, sí fue cierta.


Él aún duende a ella la ama.


Ella la flor, no era yesca


ellos cuatro siglos ''juntos''.


Los dos sí saben, ''leyenda''.


Aquel fauno cazador cayó al río,


y el duende enamorado del hada


preparaba su entrevista con Hipsípila


debido y lanzado a revelar su secreto.


Ya en el alfeizar de la ventana del castillo


llamó con insistencia al cristal


Hipsipila le vio e hizo entrar


a qué se debe su honrada y grata visita


señor duende


-Pues traigo noticias importantes para usted


de mi origen, mi único secreto de vida.


Muy bien cuente sus nuevas si gusta


-Pues resulta que le llevo soñando


y todos mis sueños me indican que usted es el origen


eterno de mi espíritu en cuerpo


usted hipsipila fue y es mi siguiente vida


le agradezco despertarme de la entraña de la tierra


para poder descubrir con resurgir que mi vida


no cayó conmigo,


le pido con este mensaje cierto y verdadero


que me otorgue permiso para beber de la fuente


de la vida eterna para ver mi nuevo cuerpo, así como usted luce


apuesto, grande y recio cual hombre del Norte.






Afirmativo fue el permiso de Hipsipila


al señor duende resurgido desde del umbral,


se iban hacia el manantial una semana más tarde


de la visita, algo desconocía el duende enamorado


y era la sorpresa que le aguardaba...


Hipsipila cortó una rama con destino agua eterna


para ser injertada en el helecho hada amada por el duende.




Llegaron tras cruzar el bosque de la sombra


al dichoso manantial ahora custodiado por dragones enormemente armados


de fuego vivo su aliento, Hipsípila cogió con una tinaja de cristal


agua para la rama mientras el duende se decidía


fue bebiendo y todo su cuerpo se iba rajando por espinas vegetales


sus dos brazos eran dos flores enormes blancas de estramonio


y su cabello eran ababoles rojos finalmente cuatro alas de libélula en cristal


hirvieron bajo rojo color de sangre sus ojos eran como dos botones de hierro


fundido.


La rama de la planta tan antigua empezaba a abrir en flores de difunto


o caléndula a partir de sus terminaciones en hojas


era el momento a la novena luna llena haría Hipsípila el injerto como


agradecimiento,


allí fue, se adentró en el bosque guiado por su lobo


injertó aquella rama a partir de la yema de la enorme flor de amapola del helecho


hada


al entrar en contacto la savia de ambas plantas el agua eterna comenzó a trabajar


el tallo leñoso iba dibujando la figura y silueta creciente cubierta de hojas


con rostro bellísimo y dos hojas grandes de alas salía de la tierra y la planta


un hada con dos ojos turquesa en llamas para decir a Hipsípila:


Gracias soy Lhiannan Shee dueña de las entrañas de la tierra,


su amado duende al verla no pudo caer en mayor gozo,


y quedó preñada Lhiannan shee dando a lúz a los trescientos treinta y tres días


siguientes


un abejorro enorme eterno de ocho patas y alas de cuarzo, sus dos ojos


eran de mercurio y su cuerpo de azabache y vello de hierro.




Corría de la vereda a la rambla castellana


el inmortal hálito de quien bebíó de ese manantial de la vida,


decidieron el duende y el hada Lhiannan Shee


llamar a su hijo abejorro Genaro,


él iba feliz cumpliendo recados de su madre


como picar todas las flores del bosque sombrío


y traer el pólen a su madre que fabricaría con él polvo de hadas


con el que todo el reino inmortal viviría en amor y bondad


sin guerras,


un día llegado el verano y su estiaje


planificó Hipsípila un viaje de vacaciones


junto con su señora hada Lheannan-Sídhe


viajaron a la tierra de los mouros gigantes de las tierras del norte


allí cenaron y de la simpatía derramada


el dragón Culebre mitad serpiente mitad duende


se ofreció como escudero guardian del castillo y jardín de Hipsípila


a cambio de alimento Hipsipila aceptó,


aquella noche en las tierras del norte Leannán-Sídhe


reveló a hipsipila que le esperaba incluso antes de conocerlo


debido a que aquella antigua princesa que habitaba


tenía el alma de la despertada Lhiannan Shee


que falleció en cuerpo por aquel cazador fauno del bosque


mientras bebía agua y desde el helecho su alma era capaz de mudarse de cuerpo


hasta establecerse en el de la princesa que desde pequeña jugaba con duendes


necesitando volver a despertar eterna


en su cuerpo de hada con el agua e injerto que hiciste


el duende que despertaste tu antigua vida murió de soledad


regando el helecho con la flor de su hada


y protegiéndolo de toda fiera


debemos invitarle esposo Hipsípila a que vivan en nuestro castillo


y el duende sea real jardinero tuyo.


Así lo hicieron tras regresar con Cúlebre


y todo el mundo deslumbró de felicidad.


Canta mi sangre yerta,


de agua eterna


el hierro de mi tierra por sembrar,


trayendo toda simiente hasta desde el umbral


canta la amapola vieja,


sangre del corazón carmesí,


sueña mi semilla despertar,


donde el muerto cave su vida,


y mi cicuta triste,


enraize el paraíso,


de pieles sedientas


y hojas muertas,


corre mi otoño desde la vereda a la rambla,


de la fuente eterna


corre mi frío desde el infierno


al río de esta alma por ganar,


encina yerta de mi piel esquiva,


beso de tierra y vid,


beso de trigo y girasol,


canta mi amada Leana en su mirar


de cuchillo de espiga mi cante,


de zarza y espina mi amor


real como intangible nuestra eternidad,


áspero y rígido,


bravo y valiente,


duro y endeble,


metal y simiente,


pan y niebla,


niebla y bruma me desprende,


desde la boca hasta el pecho,


donde canta mi pasión sin despecho,


vive esta sangre caliente,


lumbre de mis tocones,


nube del cielo por dibujar,


a estampa de sed y viveza por entrañar,


canta mi umbral,


quiere tener soles y lunas sin gemir,


invierno llegas,


dibujando transparentes los miedos,


avanzas cada campo sin permiso,


helando hasta el hielo,


oda de mi sangre yerta,


por mi tierra me arde la siembra,


y el beso queda escueto,


parco el sentido enamora el hálito,


de nuestro feliz mundo


quién te viera marchar,


vestida de olivo y centeno,


de olivo y cebada,


de trigo y espada mi guadaña,


por la calma abrasas la esperanza,


en maldición cantas tu canción,


y los cuervos te rinde pleito de negra ala,


de grazno escondido en cada roble,


del humano yerto ser


desde la piedra a la cueva


abrasas oscuridad mi entraña,


dibujas tu vívida estampa,


donde el tiempo yace muerto,


y solo los duendes te entienden,


solo las hojas buscan su nueva vida,


deste sembradío de niebla me avanzas sin piedad,


la dicha y la sombra por ganar,


desde mi tierra encendida hasta la parca bonita,


desde el cante a la maraña,


te canta mi vida quieta


este amor de la mañana


en tu pliegue de sonrisa y en la noche de tu cara,


suspira el rojo,


quiere ser río de alma y arrojo,


quiere nacer abrojo,


el espino mece la espina de mi antojo,


y la amapola amarilla,


solo ella abre a la gran luz,


horizonte de mi piel que quiebra como ayer,


enamorado suspiro de frío,


enamora mi hielo,


donde duerme,


donde reposa el amor de mi sangre yerta eterna.


-Cantaba Hipsípila a su hada Lhiannan Shee


que juntos en armonía vivían en el castillo antigua y nueva vida.




El Castellano y Leannán-Sídhe


















































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