Así te estoy sintiendo…
Miguel Esteban Martínez García, me sorprendiste el día que te conocí por qué me mostraste tus raíces con mucho honor y orgullo. Recién conocerte salieron al campo tu, tu mamita y tu papá. Aún les recuerdo desayunando en aquella mesa rústica en el campo.
Ambos ansiosos de conocerme aunque fuera de lejos. Y nos miramos, se retrataron para mi . Luego analizando aquella escena comprendí que temían que yo fuera como las experiencias previas. Leí como me escudriñaban con el temor de que no fuera otra más que viniera a hacerte daño o crear inestabilidad en tu alma. Y me sentí muy tranquila porque me conozco y siempre pienso que ningún ser humano debe perturbar la vida apacible de otro ser humano.
Al cabo de todo este tiempo he visto y leído tu corazón y alma que solo busca un lugar en este mundo donde puedas convivir contigo, tu alma creativa y todas esas criaturas diminutas ( insectos) y casi temidas po falta de conocimiento de los mayores depredadores que cohabitamos con ellos; el género humano. Esteban en ti conozco, la plenitud del verdor del ciprés. Veo tu mirada tierna cuando renace una flor, con la sensibilidad que la atesoras.
Con ese brillo en la mirada cuando esperabas que la pupa de mariposa blanca se posara en tu dedo. Sentí aquella emoción que te embargaba. Aun cuando la liberaste en el jardín, ella se mantuvo apacible. Hasta que siguió el camino de sus sueños; volar y trascender. Descubrir su paraíso terrenal, sin temor al temporal de este invierno que aún no hace espacio para que llegue la primavera.
Así, te veo fuerte, con altos y bajos esa es la vida. Qué hubiese pasado con aquella pupa si hubiese renegado por tu llevarla a tu cuarto, y se hubiese arrepentido de seguir latiendo… cuanto se hubiera perdido ver la suntuosidad de tu jardín.





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