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Transcripción

 










I

Sendero suena
verdinosa piedra
y bajo árboles que raíz
aún conservan vive
jóvenes, verdes,
aún sus copas
agua un manantial
con piedra rodera
su canto
de sedienta frase poética
y ruedas
hasta ansiosa palabra
el gran sabio
se cuidó del necio
y dijo poeta salmista,
corre. arre,
vamos camino al infierno,
lavo la lluvia bajo azulete
y yo alzo un muro blanco
del tabaco prendido en su pipa


II

Un tibio aliento
se enervaba del átomo caduco,
y un invierno estético,
que ya oreaba su caléndula Florida, 
jovial,
latían versos juveniles,
de corazón sonoro,
como almendro recio de oro
caminaba,
bajaban músicos, sabios poetas,
y alquimistas salmistas, obispos del verso,
y guerreros difuntos.



III

Oh pegasos
blanquísimos pegasos
llevarme,
vamos rumbo al infierno,
en vuestro lomos y regazo,
voy seguro nadie aún fue capaz
de romper la luna del espejo
yo fui el ejecutor rompió el espejo
vamos rumbo al infierno
adelante vino la guerra
por vara del juez
por el sobrio báculo
o el cetro
gira mi canto rodado
de poeta como soldado
y como amanecer roto.


IV

Ven la luz es otra dimensión
para los que vinimos buscándola
90 veces en el viento
voy rumbo al postigo
incandescente por ganar esa luz
pone un de llorar
a amimadas superiores
y bestias
y volver siempre
por sus lágrimas
vivos y muertos regresan
deben de,
que afinar sus ojos
entre destellos
y ocasos de antes y después
ganar su piedra infernal.


V

Marcaba el reloj
la una en diáfano cuarto
sobre una noche monótona
y gris con su luna
polvoriento cráneo tímido
sonaba un espejo
como canta un ciprés sobre el huerto
como vieja que vaga una sombra
buscando copla
en su desaparición
frío iluminado con paz
yerto de un cielo oscuro
mesones y música pretérica
sinfonía triste
de búhos y cuclillos
de lechuzas y mirlos dormidos
oh alarido metálico
sentí un alarido recorrerme,
chirriar toda mi carne
avalando el bostezo mi corazón
paseo largo de un hastío,
o en reloj arrinconado
que ya solo sonaba su etéreo
eterno según segundo
su manecilla parecía casarse
con la monotonía
como gota al crepitar
a un fondo
que llegaba y no llegaba.



VI


Estamos describiendo
un día de otro día
no ayer de otro taller,
de un huerto mustio
y dorado
finalmente llorado
por su penumbra nocturnal
lejanía que letanía de música antigua
estuvo un amor que quiere ser
y solloza que nunca será
porque siempre fue
y nunca volverá a serlo
al menos igual
un sigilo de crujido
de una luz errante cegadora,
con un eco férreo
con un signo silencio,
ahí hay un caballo desnudo
bajo las trompetas,
clarines, los grillos, chicharras,
la pulcra noche
bajo un velo de sosiego escarpado
ese que surge del grito del viento
por mis dos sangres,
una verde
y otra que cierne la uva tinta sabia,
y alma silencio.


VII

En una espadaña
en mi cierne,
y mi carne opulenta,
en Vello sembrada,
 en una vida de un sacrificio.
o heroísmo casado con la parca
histórica o épica muerte, 
pantomima o mansión
en vestido lo místico,
es suciamente limpio,
y esta llama inextinguible,
sobre la tierra,
oh sin ningún miedo,
voy surcando las tinieblas
de notas correspondientes
ni sueños como mitos refulgentes
de música callada
de cincel el verso.


MIGUEL ESTEBAN MARTÍNEZ GARCÍA 

El Inocente 




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